No es especulación. Es reconocimiento, apoyo mutuo y economía interna. Se gana participando, se gasta en servicios y tienda comunitaria.
Valor anclado a bienes y servicios reales del condominio.
Ajuste anual: La administración revisa el valor según costos internos y lo comunica con 30 días. No se vota.
Automáticos, anónimos, sin votaciones. Solo tú sabes que recibiste algo.
Ana tuvo su segundo hijo en el condominio. Presentó la partida y al día siguiente los tokens aparecieron en su billetera. Nadie lo supo. El mensaje decía: “La comunidad te acompaña”.
Don Carlos falleció. Su esposa no tuvo que pagar la cuota durante meses. La administración lo gestionó en silencio. Un respiro económico en medio del duelo.
Un sábado, 15 vecinos limpiaron la alameda. Cada uno obtuvo tokens. Nadie supo quién recibió cuánto. Al mes siguiente vinieron más.
María nunca iba a asambleas. Ahora va porque le dan tokens. Escucha, se va, y usa esos tokens para la escuela de su hija.
Rosa cuida un árbol frutal en su vereda. Cada mes manda una foto y recibe tokens. El árbol está impecable y ella ahorra en su cuota.
Alberto vio una fuga de agua, la reportó con foto. Al día siguiente tenía tokens. La fuga se reparó en horas sin que nadie supiera quién avisó.
No hay cartelera, no hay “vecino del mes”. Se acreditan en silencio para evitar envidias y líderes informales.
Los tokens otorgados están respaldados por terrenos no vendidos, infraestructura, producción de humus, energía, etc.
Solo se usa dentro del condominio. Si te vas, Terreno Social te compra tus tokens al valor interno con un pequeño descuento.
Abarrotes, limpieza, productos del condominio (humus, plantas, huevos, pan).
Panadería, cafetería, restaurante. Paga con tokens sin sacar dinero.
Pensiones escolares y talleres. Tus tokens se convierten en educación.
Lavandería, peluquería, reparaciones, clases entre vecinos.
Ejemplo: Una familia que participa en limpiezas, asiste a asambleas y cuida un área verde acumula tokens al año. Con eso reduce su cuota, internet o compra en la tienda. No es un sueldo, pero alivia y fomenta comunidad.
Premia lo que queremos que ocurra. Protege cuando la vida duele. Circula sin crear conflictos.
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